lunes, 9 de febrero de 2009

LA LUZ SURGIENDO POR SI MISMA DE LAS TINIEBLAS

Marco Antonio Crasellame POEMA SOBRE LA COMPOSICIÓN DE LA PIEDRA DE LOS FILÓSOFOS, QUE HA ESCRITO EL SEÑOR MARCO ANTONIO CRASELLAME, FILÓSOFO ITALIANO CANTO PRIMERO I El Caos tenebroso surgió como una Masa confusa del fondo de la Nada, con el primer sonido de la Palabra todopoderosa; se dijo que el desorden lo había producido y que una cosa semejante no podía ser la obra de un Dios, de tan informe que era. Todas las cosas estaban en él, en un profundo reposo, y los elementos estaban allí confundidos porque el divino Espíritu todavía no las había distinguido. II Y ahora, ¿Quien podría explicar de qué manera los cielos, la tierra y el mar fueron formados, tan ligeros en sí mismos y sin embargo tan vastos si consideramos su extensión? ¿Quien podría explicar cómo el Sol y la Luna recibieron allá arriba el movimiento y la luz y cómo, todo lo que vemos aquí abajo obtuvo la Forma y el Ser? ¿Quien podría, en fin, comprender de qué modo cada cosa recibió su propia denominación, de qué modo fue animada por su propio espíritu y de qué modo, al salir de la Masa impura y desordenada del Caos, fue regulada por una ley, una cantidad y una medida? III ¡Oh, vosotros, del divino Hermes los hijos e imitadores, a quienes la Ciencia de vuestro padre ha mostrado la Naturaleza al descubierto: únicamente vosotros y tan sólo vosotros sabéis de qué modo esa mano inmortal formó la Tierra y los Cielos a partir de la Masa informe del Caos, pues vuestra Gran Obra muestra claramente que, de la misma manera que se hace vuestro Elixir filosófico, ha hecho Dios todas las cosas. IV Pero no corresponde a mi feble pluma el trazar tan gran retablo, pues todavía no soy más que un mísero hijo del Arte, sin ninguna experiencia: no es que vuestros doctos escritos no me hayan hecho percibir el verdadero objeto hacia el que conviene ir, o que yo no conozca bien ese Iliaster que contiene todo lo que nos es necesario al igual que ese admirable compuesto con el que habéis sabido llevar de la potencia al acto la virtud de los elementos. V No es que yo no sepa bien que vuestro Mercurio secreto no es otra cosa sino un espíritu viviente, universal, innato que desciende sin cesar, en forma de aéreo vapor, del Cielo a la Tierra para llenar su vientre poroso, para nacer después entre los azufres impuros y que, al crecer, pasa de la naturaleza volátil a la fija, dándose a sí mismo la forma de húmedo radical. VI No es que yo no sepa bien que si nuestro Vaso oval no está sellado por el Invierno, jamás podrá retener el vapor precioso sin el cual nuestro hermoso Hijo morirá ya en su nacimiento, si no es prontamente auxiliado por una mano industriosa y por los ojos de Linceo, pues de otro modo no podrá ser alimentado con su humor primero, a ejemplo del hombre que, después de haber sido alimentado con sangre impura en el vientre maternal, vive de leche cuando ya ha venido al mundo. VII Pero, aunque yo sepa todas estas cosas todavía no me atrevo a argumentar con vosotros, pues los errores ajenos siempre me dejan en la duda. Pero si vosotros estáis más movidos por la piedad que por la envidia, dignaos expulsar de mi espíritu todas las dudas que lo embargan y si puedo ser lo bastante afortunado como para explicar con distinción en mis escritos todo cuanto concierne a vuestro Magisterio, haced, os conjuro, que de vosotros reciba yo como respuesta: Trabaja audazmente, pues sabes cuanto es necesario saber. CANTO SEGUNDO Que el Mercurio y el Oro del vulgo no son el Oro y el Mercurio de los Filósofos y que en el Mercurio de los Filósofos está todo lo que buscan los Sabios. Donde se examina de pasada la práctica de la primera operación que ha de seguir el artista experimentado. ESTROFA I Que los hombres poco versados en la Escuela de Hermes se confundan cuando, con un espíritu de avaricia se apeguen al sonido de las palabras. Ordinariamente es sobre la fe en esos nombres vulgares de plata viva y oro que se comprometen al trabajo imaginando que, con oro común por medio de un fuego lento, podrán fijar finalmente esa plata fugitiva. II Pero si pudieran abrir los ojos de su espíritu y comprender bien el sentido oculto de los Autores, verían claramente que el Oro y la Plata viva del vulgo están desprovistos de ese fuego universal, que es el Agente verdadero y que este Agente o espíritu abandona los metales tan pronto como éstos están en los hornos, expuestos a la violencia de las llamas; de ello que el metal, fuera de la mina, hallándose privado de ese espíritu, no sea más que un cuerpo muerto e inmóvil. III Más bien es otro Mercurio y otro Oro del que ha querido hablar Hermes; un Mercurio húmedo y cálido y siempre constante al fuego, un Oro que es todo fuego y todo vida. Una diferencia tal no es capaz de hacer que se distingan con facilidad a aquellos de estos otros del vulgo, que son cuerpos muertos privados de espíritu, en tanto los nuestros son espíritus corporales siempre vivos. IV ¡Oh, gran Mercurio de los Filósofos! En ti se unen el Oro y la plata después de haber sido llevados de la potencia al acto: Mercurio todo Sol y todo Luna, triple sustancia en una y una sustancia en tres. !Oh, cosa admirable! el Mercurio, el Azufre y la Sal me hacen ver tres Sustancias en una sola Sustancia. V Pero ¿donde está ese Mercurio aurífico que, resolviéndose en Sal y en Azufre se torna humedad radical de los metales y su simiente animada? Está aprisionado en una tan fuerte prisión que ni la misma Naturaleza puede extraerlo si el industrioso arte no le facilita los medios. VI Pero ¿qué es lo que hace el Arte? Ministro ingenioso de la diligente Naturaleza, purifica con una llama vaporosa los senderos que conducen a la prisión. No existe mejor guía ni medio mas seguro que el de un calor suave y continuo para ayudar a la Naturaleza y dar ocasión para que se rompan aquellos lazos donde nuestro Mercurio está como agarrotado. VII ¡Si, si, este es el único Mercurio que habéis de buscar, oh, espíritus indóciles! porque solamente en él podréis encontrar todo lo que es necesario a los Sabios. Es en él donde se encuentran en potencia próxima la Luna y el Sol que, sin (mediar) ni Oro ni Plata del vulgo, cuando sean unidos conjuntamente, se tornarán verdadera Simiente de la Plata y del Oro. VIII Pero toda simiente es inútil si permanece entera, si no es corrompida si no se torna negra, pues la corrupción precede siempre a la generación. Así es como procede la Naturaleza en todas sus operaciones y nosotros, que la queremos imitar, también deberemos ennegrecer antes de blanquear sin lo cual no produciríamos mas que abortos. CANTO TERCERO Aquí se aconseja a los alquimistas vulgares e ignorantes el desistir de sus operaciones sofísticas, porque son opuestas enteramente a las que la verdadera filosofía nos enseña para hacer la medicina universal. ESTROFA I ¡Oh, vosotros! Aquellos que para hacer Oro por medio del Arte estáis sin cesar entre las llamas de vuestros ardientes carbones, que tan pronto congeláis como disolvéis de tantas y tantas maneras vuestras diversas mezclas, disolviéndolas a veces por entero, a veces congelándolas solamente en parte. De ahí que, como mariposas ahumadas, paséis los días y las noches revoloteando en torno de vuestros hornos. II Dejad, a partir de ahora, de fatigaros en vano, por miedo de que una loca esperanza arrastre todos vuestros pensamientos con el humo. Vuestros trabajos no operan mas que inútiles sudores que, sobre vuestra frente, peinan esas horas desdichadas que pasáis en vuestros retiros ¿A que vienen esas llamas violentas si los Sabios no utilizan carbones ardientes ni maderas encendidas para hacer la Obra hermética? III Con ese mismo Fuego del que se sirve la naturaleza bajo tierra ha de trabajar el arte y de éste modo deberá imitar a la naturaleza. Un Fuego que es vaporoso pero no por eso es ligero, un Fuego que nutre y no devora nada, un Fuego natural pero que ha de ser hecho por el arte, seco, pero que hace llover, húmedo pero que deseca. Un agua que apaga, un agua que lava los cuerpos pero que no moja las manos. IV Con ese tal Fuego ha de trabajar el Arte, que quiere imitar a la naturaleza y con el que uno ha de suplir el defecto del otro. La naturaleza comienza, el Arte acaba y solamente el (Arte) purifica lo que la naturaleza no puede purificar. El arte tiene la industria de su parte y la naturaleza la simplicidad, de suerte que si uno no allana el camino el otro se detiene prontamente. V Por tanto, ¿Para qué sirven tantas y tantas sustancias diferentes en las cornudas, en los alambiques si la materia, al igual que el Fuego, es única? Sí, la materia es única, está en todas partes y los pobres la pueden obtener al igual que los ricos. Es desconocida de todo el mundo y todo el mundo la tiene ante los ojos, es despreciada como el lodo por el vulgo ignorante y se vende a precio vil, pero para el filosofo, que conoce su valor, es preciosa. VI Esa materia, tan despreciada por los ignorantes, es la que los doctos buscan con cuidado, porque en ella está todo lo que puedan desear. En ella se encuentran conjuntados el Sol y la Luna, no los vulgares, no aquellos que están muertos. En ella está contenida el Fuego, del que extraen los metales su vida: es ella la que da el Agua Ígnea, que también da la Tierra Fija y es ella, en fin la que da todo cuanto es necesario a un espíritu esclarecido. VII Pero en lugar de juzgar que un solo compuesto pueda bastar al filósofo, vosotros os divertís, quimistas insensatos, en poner muchas materias juntas y donde el filósofo cuece, con calor dulce y solar y en un solo vaso, ese sólo vapor que poco a poco se espesa, vosotros ponéis al fuego mil ingredientes distintos y si Dios ha hecho todas las cosas de la nada vosotros, por el contrario reducís todas las cosas a la nada. VIII No es con blandas gomas ni con duros excrementos, no es con sangre ni con esperma humano, no es con uvas verdes, ni con quintaesencias herbales, ni con aguas fuertes, ni sales corrosivas, ni con vitriolo romano, ni mucho menos es con el talco árido, ni con antimonio impuro, ni con azufre ni con mercurio, ni, en fin, con los metales del vulgo con los que ha de trabajar un hábil artista en nuestra Gran Obra. IX ¿De que sirven todas esas diversas mezclas? Pues nuestra Ciencia contiene todo el Magisterio en una sola Raíz, que ya os he dado a conocer lo suficiente y acaso más de lo que debía. Esta Raíz contiene en ella dos Sustancias que no tienen, sin embargo más que una sola Esencia y esas Sustancias que primeramente no son mas que Oro y Plata en potencia, se tornan finalmente Oro y Plata en acto, siempre y cuando sepamos igualar bien sus pesos. X Si, esas sustancias se hacen Oro y Plata, actualmente y por la igualdad de sus pesos, el volátil es fijado en Azufre de Oro. ¡Oh, Azufre luminoso! ¡Oh verdadero Oro animado! en ti yo adoro todas las maravillas y todas las virtudes del Sol. Pues tu Azufre es un tesoro y un verdadero fundamento del Arte pues madura en Elixir lo que la misma Naturaleza solamente ha llevado a la perfección del Oro. FINAL